viernes, diciembre 30, 2005

Yo te miraba ayer mientras hablabas y sabía que eras feliz.
No podría ser de otra manera, la vida no hubiera podido ser distinta para ti.
No te hizo falta buscar demasiado, no es tan difícil escapar. Solo hay que desearlo, lo sé.
Ayer te miraba cuando guardabas silencio y hacías girar la botella de cerveza sobre la mesa.
Guiñabas un ojo.
Yo te miraba y quería encontrar en ti el recuerdo de ese chico con nariz roja de payaso
que cavaba un agujero en la tierra, (cada día un poquito más hondo y llegaremos a China),
que hacía malabares bajo el sol de mediodía, y que siempre tenía una sonrisa para todo el mundo.
Quería verte de nuevo tumbado en el césped, despreocupado, fumando marihuana,
apoyando la cabeza en tu vieja mochila y contemplando un cielo azul hasta que
alguien encendía el sistema de regado y teníamos que salir corriendo.
“Tu barbilla es como una madalena del desayuno” solías decirme.
Y me regalaste un cd de Manolo García con un año de retraso, pero ahora
siempre que lo escucho, acabo recordándote. Te visualizo cantándome eso de:
“el olvido, dibujado con tinta en tu ombligo…”
Aquella vez que fui a comer a tu casa y bajamos al sótano
y había unas iguanas que no recuerdo de quién eran, pero eran muy verdes,
y tú les hacías carantoñas como si fueran niños y les cantabas “nosequé”.
Las fotografías que hicimos aquel año y que cuando hoy miro
parece que hayan pasado demasiados siglos y al mismo tiempo
parece que fuera ayer. Total, que son atemporales, casi como nosotros.
Las manos siempre llenas de pintura, restos de carboncillo en el rostro,
el profesor de Dibujo Artístico al que tanto puteábamos.
Aquel mural que pintamos en el pasillo, lleno de colores y pájaros
que parecían golondrinas y que querían volar pero no salían de la pared.
Las carantoñas que nos prodigabas a todos sin excepción, con esa dulzura
tan tuya, tan propia.
Los días que íbamos a comer al centro comercial y jugábamos a los bolos.
Luego ya nunca volvíamos a las clases de la tarde y nos dedicábamos
a reír por tonterías, a dejar pasar el tiempo sin la preocupación de pensar
que lo estamos malgastando.
Sí. Era estupendo.
Toda aquella época de serenidad y libertad inalterable
qe acompañábamos con largas charlas en el jardín,
cn inquietudes artísticas y con pequeñas locuras diarias…
No lo olvidaré nunca.
Y entonces, fuimos desapareciendo.
Los unos. Los otros. Empezamos a encaminarnos hacia sendas distintas.
Y perdimos algunos contactos a lo largo de los años.
Pero estas cosas, estas amistades fueron tan firmes en su momento
que siempre resurgen de nuevo con el timbre de un teléfono.
Y yo, que no había vuelto a saber nada de ti, recibí tu llamada hace dos días,
y distinguí tu voz a la primera, como si no hubiera pasado el tiempo
y me llamaras para pedirme unos apuntes.
Así que te tuve de nuevo frente a mí. Anoche.
Te ha crecido mucho el pelo, y tienes rizos azabaches descansado en tu nuca.
Tus ojos siguen siendo verdes grisáceos. Tu piel cetrina.
Ahora tienes ese aspecto de joven trotamundos que siempre quisiste ser.
Vistes con ropas de segunda mano. Vives con lo puesto.
Solo en una riñonera descolgada y vieja te cabe todo lo necesario.
Y llevas una bufanda que tu abuela te hizo antes de marcharte a Lituania.
Porque viajaste, me contabas. Viajaste para ver el mundo, para encontrarte a ti mismo.
Coleccionando amigos, pero nunca dejando cerrada la puerta cuando te marchabas.
Porque si son amigos de verdad, volverán a estar ahí, pasen los años que pasen.
Y si tu quieres regresar podrás hacerlo, porque nada te lo impide.
Cogiste trenes, viste cientos de carreteras creciendo en tu campo de visión,
ciudades extendiéndose, gentes nuevas, despedidas, otro tren y vuelta a empezar.
Hoy eres un nómada. Hoy todo lo que han visto tus ojos, todo lo que se tragaron
tus pupilas te forjaron como persona. Te hicieron crecer interiormente
y ahora eres vegetariano, no fumas ni bebes, practicas yoga,
amas la música, quieres trabajar en el circo.
Cómo te ha cambiado la vida, amigo.
Anoche te miraba y ya no encuentro mucho rastro del que eras antes,
pero tengo enfrente a una persona con una vida en la mochila,
llena de proyectos, de sueños por cumplir, de billetes de avión
y narices de payaso. No tienes casa fija, ni amigos fijos, ni lugar al que volver.
Te basta el mundo.
Como tú dices, “cuando me despido de alguien ya le estoy dando la mano
al siguiente que llega”
Entonces yo me miro a mí misma, y veo que mi vida no ha sido tal y como yo quería
que fuera. Que a mi me dan unas ganas terribles de marcharme contigo
y no saber que me esperará mañana, en qué tren me subiré, en que cama voy a dormir,
qué hay para cenar, todas esas cosas. Y tengo mil cadenas que me atan
y me siento presa cuando se me despierta la voz de la conciencia
Porque soy un pez muerto comprándose un piso, encerrándose en una ciudad,
en una vida programada con horarios y prejuicios, las mismas caras,
sin cambios, sin sobresaltos, con todas las comodidades necesarias para
convertirme en una auténtica inútil.
Que me encantaría que me dieras esa patada en el culo
que creo que me hace falta para romper con todo esto
y ser un barco perdido, que se deja llevar por la corriente.
Ir en busca de la vida, y no que la vida venga en mi búsqueda.
“Solo tienes que desearlo, entonces nada, NADA, podrá detenerte” me dijiste.

Mañana te vas. Volverás a coger el tren y a través de las ciudades te alejarás de todo
para acabar en los brazos de otro destino que te lleve donde se tercie.
Y vivirás, serás feliz. Verás tantas cosas que tu corazón no podrá soportar tanta hermosura
y querrás gritar, cantar, amar, ser libre como un niño en la selva.
Lo sé. Eres el reflejo de mi sueño apagado. Porque yo siempre quise ser como tú,
pero algo me atrapó, no se el qué, pero algo lo hizo y me dejó anclada.

Y aquí me quedo, en la misma ciudad, haciendo lo mismo de siempre,
encontrándome con las mismas personas, metiéndome más y más en un túnel

del que ya no sé salir.
A veces pensaré que valió la pena. Otras veces sabré que mi camino es erróneo
y desearé estar contigo, en Centro América, en Filipinas, Mozambique, donde sea…
Así que aprovecha, disfruta de tu libertad.
No sabes cuanto te envidio.
No sabes cuanto quiero que seas feliz, a tu manera y que la vida te trate bien
y te regale muchos momentos y experiencias inolvidables.
El mundo es tu familia, tu amante, tu libro, tu descanso, tu hogar.
Lo sé.
Siempre lo he sabido.

Tú vida es lo que eres y no podría haber sido de otra manera.

Te quiero muchísimo.




4 Comments:

Blogger lokoloko said...

no se como es que llegué aqui....ya estoy y me he quedado un momento espiando

11:00 AM  
Anonymous jartos said...

Si yo hablo con alguien así, me rompería los moldes, por completo. No me estraña que te quedes así, yo pienso que la vida hay que vivirla y yo tampoco la vivo, solo la contemplo.

Una conversación interesantisima, nahnah, te envidio, también a él aunque por dos cosas, por vivir así y por podertelo contar.

Una maravilla lo que hoy has escrito, guardala y recuerdala.

Un beso, gracias.

7:52 AM  
Anonymous Anónimo said...

me recuerda mucho a mi ciertas cosas. Tia me caes muy bien, siempre te leo desde venezuela, soy otra tia un saludo cuidate mucho y q sigas escribiendo siempre.

6:23 PM  
Anonymous Anónimo said...

Hola, soy Belén de Argentina...buscando en Google moldes para hacer riñoneras, llegué por medio de un enlace a este blog, de casualidad (o causalidad?)...y de repente me encontré leyendo parte de mi historia, muy actual de hecho...la verdad, me pareció muy bueno; y por eso me dieron ganas de expresartelo acá...te dejo mi mail, por si algún dia tenés ganas de charlar...soy_yo_bel@hotmail.com

7:13 PM  

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