martes, diciembre 13, 2005

Un decálogo de besos encarnizados hay en una boca que nunca cierra por tarde que sea.
Una noche negra de satén sobre unos párpados abiertos. En la curva de mi cadera se accidentaron algunas manos, otras treparon por las espaldas de la traición, como si todos estuviéramos ciegos, sordos, locos.
Una nube como una resaca nublando el domingo matinal y desagradecido. Un tránsito aéreo en el cielo de mi boca. Nada más amargo que el sabor de las despedidas. Nada más cruel que una memoria que quiere resucitar sentimientos difuntos.
Porque todo lo que escribo tiene el color del asfalto de una calle pateada. Todo lo que vierto son vómitos de nieblas. Pero aún de vez en cuando caen amapolas en mis mejillas, bucean peces en mi vientre, danzan los lunáticos con mi cuerpo.
No quiero dejar de ser este desordenado vertedero de escombros donde a menudo mueren y resurgen aves; casi al mismo tiempo. El vestido blanco que me ciño parece el de una novia virgen y casi lo es, si pasamos por alto el significado poético y no nos centramos en la carne.
Por eso se mancha de sangre cuando el deseo abre compuertas, y también se abren de piernas los secretos oscuros. Cada lunes se llena de cenizas y desamparo.
Un reloj que se suicida en una habitación anacrónica, porque tú y yo nos obstinamos en domesticar al destino y aún no sabemos que el juego puede asesinar nuestras victorias.
Un café cuando anochece. Aquel metal caliente en una lengua tímida. Dos trenzas, dos. Del color que tienen las espigas entre tus dedos y luego aquellos ojos casi glaciares, como dos vértices en el tiempo que destila.
A pesar de todo, a pesar de los trenes que abandonan ciudades y de la obviedad de un vuelo charter, a pesar de ello tú te quedas en la Caverna de Ro, con cincuenta y un años y medio y una poesía inacabada. Probablemente mareado, perdido, lleno de desconciertos. Pero mis piernas… mis pupilas… mis sienes… ya sabes, ese túnel que te alberga cuando hace frío en la ciudad, siempre estará abierto para ti. Aunque la policía y sus sirenas azules quieran hacer una redada en mi corazón. No. No podrán envejecerme. Porque me salvan las cicatrices, todas las heridas que voy coleccionando y que están expuestas, cualquiera puede intuirlas.
Perra lista. Todo iría bien si la poesía no te volviera completamente esquizofrénica.

1 Comments:

Anonymous jartos said...

Hola preciosa. Esa relación te tiene absorbida y además bastante. Ya hace tiempo que solo hablas de eso, no se si es para alejar malos espíritus o tal vez porque no te deja hablar sino es de ella. Lo que si quiero y lo sabes desde ya hace tiempo es que quiero lo mejor para ti y si todo esto es para conseguirlo, me parece fenomenal e incluso obligatorio.

Cuídate y sabes que siempre te sigo en cuanto me das una pista. Sigue así, por favor. Un beso preciosa.

12:11 PM  

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