Se extiende como una marea negra.
Allá va, propagándose libremente con toda su infección…
Cada día un poquito más grande, un poquito más doloroso.
Escuece, quema. Al final pica.
Empezó siendo algo diminuto, casi imperceptible.
“Hay algo aquí, hay algo aquí debajo que no va bien.”
Y nunca lo había sentido, por eso no era capaz de identificarlo.
Nunca tuve uno.
Y noté algo raro. Un latido. Un constante bombeo en la zona.
Luego ese cosquilleo tan insoportable. Y me rasqué. Un poquito nada más.
Pero lo suficiente como para provocar una herida.
O una erupción. O un volcán.
Y ahora el dolor se ha intensificado hasta el punto de querer llorar.
Me encantaría podar esta dolencia, esta zona afectada.
Mutilarla, hacerla desaparecer.
Parece mentira, si antes no era nada…
Y ahora es una costra amarilla que supura líquido constantemente.
Me arranca la piel, me quema, me arde, me odia.
Debe odiarme. Ampollas de dolor y tirantez.
No puedo reír, no puedo hablar.
Todo me molesta demasiado.
Y no para de crecer.
Los antídotos no ayudan. A veces calman
pero la infección sigue ahí.
Extendiéndose.
Dispersándose.
Es curioso.
Empecé a escribir esto refiriéndome al herpes
que me ha salido debajo de la napia.
Y ahora que no releo,
veo que se parece más al amor
que a una infección vírica.
Allá va, propagándose libremente con toda su infección…
Cada día un poquito más grande, un poquito más doloroso.
Escuece, quema. Al final pica.
Empezó siendo algo diminuto, casi imperceptible.
“Hay algo aquí, hay algo aquí debajo que no va bien.”
Y nunca lo había sentido, por eso no era capaz de identificarlo.
Nunca tuve uno.
Y noté algo raro. Un latido. Un constante bombeo en la zona.
Luego ese cosquilleo tan insoportable. Y me rasqué. Un poquito nada más.
Pero lo suficiente como para provocar una herida.
O una erupción. O un volcán.
Y ahora el dolor se ha intensificado hasta el punto de querer llorar.
Me encantaría podar esta dolencia, esta zona afectada.
Mutilarla, hacerla desaparecer.
Parece mentira, si antes no era nada…
Y ahora es una costra amarilla que supura líquido constantemente.
Me arranca la piel, me quema, me arde, me odia.
Debe odiarme. Ampollas de dolor y tirantez.
No puedo reír, no puedo hablar.
Todo me molesta demasiado.
Y no para de crecer.
Los antídotos no ayudan. A veces calman
pero la infección sigue ahí.
Extendiéndose.
Dispersándose.
Es curioso.
Empecé a escribir esto refiriéndome al herpes
que me ha salido debajo de la napia.
Y ahora que no releo,
veo que se parece más al amor
que a una infección vírica.


1 Comments:
Me ha entrado escalofrios con solo imaginarmelo, menos mal que eres mujer, sino los gritos se oirían desde aquí.
Tienes un correo.
Un beso muy fuerte nahnah.
Publicar un comentario en la entrada
<< Home