No suelo hacer balances. No tengo esa costumbre de recapitular todo lo vivido durante el año y exponérmelo a mí misma como para darme una lección. Pero lo cierto es que este año ocurrieron muchas, demasiadas cosas como para pasarlas por alto. Y esta mujer ha cambiado en 365 días más de lo que cambió en siete años. Me da la sensación de que el 2005 ha sido un año acelerado, diferente. Resumiendo; que estoy contenta si miro hacia atrás. Lo pasé bien, muy bien, y nada empañó demasiado mi tranquilidad, aparte de un par de banalidades que perfectamente pueden ser omitidas con el paso del tiempo. Tengo la sensación de haber cambiado, no sé en qué ni de qué manera, pero he perdido muchos miedos y muchos fantasmas por el camino. Me he deshecho de ciertos prejuicios tontos, se han esclarecido algunos sentimientos. Es como si de una vez por todas, empezara a conocerme de verdad a mí misma. Aunque a veces no dejo de sorprenderme. Y eso también es bueno. Redescubrirte. Dejar de ser previsible alguna que otra vez y acabar improvisando.
Me compré un piso (quién me lo iba a decir a mí) en el cual estoy pasando ratos más que agradables, porque siento ese espacio como una parte muy mía. Es un piso recién parido que aún se está formando, pero en poco tiempo ya han sucedido muchas cosas en su interior. Y está desnudo, con pocos muebles, pero con muchos besos, muchas canciones, muchos secretos trepando por la pared y mucha nostalgia filtrándose por la ventana.
Vino al mundo una preciosidad que nadie se esperaba. La vida de algunos amigos cambió demasiado. La de otros se afianzó, se asentó cerca de mí. Y otros se fueron para no regresar más. Ha habido decepciones, alegrías, sorpresas.
Algunos viajes. No tantos como hubiera querido, pero los suficientes como para poder respirar y desintoxicarme de la rutina de la gran ciudad.
La soledad cada vez se acentúa más en mi vida, y se ha convertido casi en una adicción. Somos grandes amigas. Me permite reflexionar, me proporciona un remanso de paz que no me da nadie más que ella y me adormece con canciones, con silencio, con una calma casi oceánica.
Y el amor… vino en los últimos coletazos del año, así, para despedirlo. La dio la vuelta a mi vida. Me encontré con una Nahnah que no conocía en absoluto, haciendo cosas inverosímiles, despertando sentimientos dormidos. Un vértigo demasiado seductor como para dejarlo pasar. Y por eso cada instante me lo guardo como un pequeño tesoro. Me quedo con su piel, su boca, sus versos… incluso con el engaño y el veneno de su ausencia. Porque acabó haciéndome fuerte. Sí. Otro cambio abrumador. No merece la pena llorar demasiado.
Y muchas cosas más. Aprendí a pedir perdón, a retractarme, a cometer errores, a ser más positiva. Los “te quiero”, los “te necesito”. A no tener que escapar cuando algo se me va de las manos, a ser menos cobarde, más decidida. A dejarme llevar… sí, sobretodo eso. Me hacía falta dejar de ser tan realista y no descuidar tanto el momento. Aprendí a tocar la guitarra, me he cortado el pelo (después de tres años y medio!!!) he decidido por fin empezar a conducir, encuentro espacios nuevos, gente nueva, ciclos nuevos…
Y así es la vida. Un ciclo detrás de otro. Cerramos uno. Abrimos el siguiente. Ninguno se parece al anterior. No es ni mejor ni peor. Es distinto.
No pido nada especial a este nuevo año que llega. Solo que sea como este, con todas sus alegrías y también con sus lamentos. Que me haga más persona, más forjada, más intensa. Y que todos los que estáis alrededor sigáis ahí. Eso es lo realmente importante.
Me compré un piso (quién me lo iba a decir a mí) en el cual estoy pasando ratos más que agradables, porque siento ese espacio como una parte muy mía. Es un piso recién parido que aún se está formando, pero en poco tiempo ya han sucedido muchas cosas en su interior. Y está desnudo, con pocos muebles, pero con muchos besos, muchas canciones, muchos secretos trepando por la pared y mucha nostalgia filtrándose por la ventana.
Vino al mundo una preciosidad que nadie se esperaba. La vida de algunos amigos cambió demasiado. La de otros se afianzó, se asentó cerca de mí. Y otros se fueron para no regresar más. Ha habido decepciones, alegrías, sorpresas.
Algunos viajes. No tantos como hubiera querido, pero los suficientes como para poder respirar y desintoxicarme de la rutina de la gran ciudad.
La soledad cada vez se acentúa más en mi vida, y se ha convertido casi en una adicción. Somos grandes amigas. Me permite reflexionar, me proporciona un remanso de paz que no me da nadie más que ella y me adormece con canciones, con silencio, con una calma casi oceánica.
Y el amor… vino en los últimos coletazos del año, así, para despedirlo. La dio la vuelta a mi vida. Me encontré con una Nahnah que no conocía en absoluto, haciendo cosas inverosímiles, despertando sentimientos dormidos. Un vértigo demasiado seductor como para dejarlo pasar. Y por eso cada instante me lo guardo como un pequeño tesoro. Me quedo con su piel, su boca, sus versos… incluso con el engaño y el veneno de su ausencia. Porque acabó haciéndome fuerte. Sí. Otro cambio abrumador. No merece la pena llorar demasiado.
Y muchas cosas más. Aprendí a pedir perdón, a retractarme, a cometer errores, a ser más positiva. Los “te quiero”, los “te necesito”. A no tener que escapar cuando algo se me va de las manos, a ser menos cobarde, más decidida. A dejarme llevar… sí, sobretodo eso. Me hacía falta dejar de ser tan realista y no descuidar tanto el momento. Aprendí a tocar la guitarra, me he cortado el pelo (después de tres años y medio!!!) he decidido por fin empezar a conducir, encuentro espacios nuevos, gente nueva, ciclos nuevos…
Y así es la vida. Un ciclo detrás de otro. Cerramos uno. Abrimos el siguiente. Ninguno se parece al anterior. No es ni mejor ni peor. Es distinto.
No pido nada especial a este nuevo año que llega. Solo que sea como este, con todas sus alegrías y también con sus lamentos. Que me haga más persona, más forjada, más intensa. Y que todos los que estáis alrededor sigáis ahí. Eso es lo realmente importante.

1 Comments:
Pues menos mal que no sueles hacer balances, porque si fueras asidua a ellos el post sería una obra de arte. Has realizado un relato muy detallado de todo un año, no tengo nada más que felicitarte en lo bueno y por qué no, también en lo malo, que de los fallos se aprende y tu todavía tienes que aprender.
Garcias por este bonito detalle que has hecho y gracias a este año 2005 porque me dio la oportunidad de conocerte, todo un exito para mi.
Un abrazo nahnah.
Publicar un comentario en la entrada
<< Home